La cartonería y el día de Muertos

Por Aleydis Cervantes Dueñas

Cultura mexicana, el Día de Muertos. Esta fecha represen- ta la llegada de las personas que queremos o admiramos y que se han ido. El mexicano, con cierta picardía y respeto, siempre ha hecho burla de la muerte y ha jugado con ella. Cada año es creado un mundo de cartón repleto de ca- trinas, cráneos, calaveras, diablos y máscaras, entre otras figuras que adornan y representan las clases sociales, los oficios y las actividades cotidianas.

Crear una figura de cartonería es dar vida a la muerte con las manos; implica un largo proceso que se desarrolla por etapas, pues la técnica consiste en hacer varias capas de papel y engrudo. Hay diferentes técnicas implicadas: es posible usar estructuras de alambre o carrizo, utilizar moldes de yeso y barro o modelar directamente la figura con papel y engrudo. Después se pinta la figura con color blanco, y luego de una nueva fase de secado se aplican los colores finales. El resultado es un trabajo único y sor- prendente, una manifestación de ingenio y creatividad que aviva la muerte acorde con el folclor mexicano.

La cartonería es parte del arte popular mexicano, es una forma de expresión; representa creencias, tradiciones y ce- remonias que se convierten en artesanías típicas mexicanas.

En el mes de octubre del año pasado, la Subsecretaría de Fomento Artesanal, en conjunto con la Unidad Estatal de Culturas Populares del Instituto Zacatecano de Cultura «Ramón López Velarde», dio inicio a un proyecto de pro- fesionalización de las artesanías en cartón; los cartoneros asistentes vivimos una experiencia digna de contarse.

El lunes 9 nos reunimos en el Centro de Investigación y Experimentación de Cultura Popular de Zacatecas (CIEapz), que se aloja en la histórica «Casa de las 100 puertas», lugar mágico y acogedor cuyo personal, liderado por la contadora Rosario Guzmán, nos atendió como reyes y nos hizo sentir como en casa: lo primero fue hacer una visita guiada por el fabuloso Museo de Arte Popular, que alberga piezas de gran calidad y colorido; después in- auguramos formalmente nuestro taller acompañados por funcionarios de las dependencias mencionadas. Los cinco días se nos dio de comer ahí mismo, y pudimos degustar platillos hechos por manos mágicas del lugar.

El taller fue impartido por el maestro Felipe Arredondo, quien vino de la ciudad de San Luis Potosí, donde existen grupos con mucha experiencia en cartonería monumental. La actividad tenía como tema la celebración de Día de Muertos de la Huasteca Potosina, conocida como Xantolo.

A primera hora, nos dividió en tres equipos y comen- zó a mostrar cómo se diseña una pieza de gran formato: haciendo un cálculo a escala y dibujando un bosquejo para posteriormente partir carrizo y formar la estructura me- diante amarres con hilo encerado; luego se debe construir la base de madera y montar los postes que sostendrán la escultura, acoplar el esqueleto, empapelarlo, hacerle deta- lles y, finalmente, pintarlo.

El curso de cinco días implicó un gran esfuerzo del maestro y los participantes, ya que eran pocos días para hacer las tres piezas requeridas, así que trabajamos a mar- chas forzadas y contra reloj. El clima estuvo frío y en ratos nublado, lo que dificultaba el secado de las figuras; aun así, pudimos conocer tanto artesanos como artistas de lu- gares como Zacatecas, Guadalupe, Trancoso, Tacoaleche y Ojocaliente. La convivencia fue amena y divertida, sobre todo por el equipo de Trancoso que, además de ser el mejor organizado, no dejó de hacer comentarios y bromas que nos hacían reír todo el tiempo.

Cerca del final de las actividades, varios compañeros del lugar nos dieron un tour por la Casa Grande, pudimos admirar el majestuoso edificio y conocer su historia, subir a la torre y apreciar la espléndida vista de Tacoaleche; tam- bién nos hablaron sobre el origen de esa palabra: «taco de leche».

El viernes 13 terminamos el taller, aunque no las piezas, así que ese día se realizó la clausura, pero el sábado 14 fuimos a dar los toques finales y a hacer una despedida informal con una convivencia más relajada.

Los productos finales con los que se terminó el taller fueron: un esqueleto femenino vestido con el traje típico de la huasteca potosina; un diablo-esqueleto que simboliza la dualidad, aspecto muy celebrado en la región mencio- nada, y un danzante con máscara de diablo, común en las comparsas de la festividad de ese lugar. Las esculturas fueron nombradas como «La Chata», «Chon y Chana» y «Jelipe», respectivamente. Las piezas fueron llevadas a la Ciudadela del Arte para formar parte de la instalación de la Ofrenda de Xantolo.

Estar ahí fue ideal para tomar un taller artesanal, con- vivir, aprender y hacer nuevos contactos y amistades. Agradezco ampliamente a los organizadores y anfitriones, espero que no sea la última vez que se realice una activi- dad como esta.

*Experiencia narrada por Miguel Alejandro González Vacio «Miguel Cartonero», paisano de Guadalupe que vive su mexicanidad mediante las artesanías de cartón.

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