¿Casa de las cien puertas?

«Cuenta, cuenta esta leyenda, porque si no se cuenta, pues así se queda». 

Hace muchos, pero muchos años, cuando inició nuestra historia, el hom- bre tuvo la necesidad de comunicar a sus congéneres sus conocimientos, testimonios, experiencias y emocio- nes; para ello, tuvo que inventar el lenguaje. Los antiguos pueblos dieron un gran valor a la palabra y forjaron la tradición oral, seguros de que, si no se cuenta, o se ejerce el oficio de narrador, las cosas caen en el olvido

Así, la poesía, los cuentos, las leyendas y los mitos con- forman el arte de la lengua, ya que en ellos se expresa de forma bella los recursos de la palabra, desarrollando su propia narrativa. Con el paso del tiempo, algunos pueblos ya han perdido su tradición oral y en otros, debido a la glo- balización y a los medios masivos de enajenación, está en constante peligro de desaparecer el contador de historias.

Las leyendas han nutrido la vida, la tradición y la imagi- nación de los pueblos; por eso, han permanecido durante siglos y, aunque muchas ya han desaparecido, otras si- guen vigentes; tal es el caso de la leyenda de «La casa de las cien puertas».

Sucede que antes de construirse la casa grande o casa de las cien puertas en la comunidad de Tacoaleche, per- teneciente al municipio de Guadalupe, Zacatecas, esta fue en sus inicios una antigua estancia fundada por el conde del Jaral y su esposa, María Dolores Moncada, y perteneciente a la hacienda de Trancoso de 1700 a 1760; posteriormente, pasa a los señores De León García; y, des- pués, a los García Salinas.

En 1880, Antonio García, de los García Salinas, recibe por donación familiar los terrenos que más tarde serían la hacienda de Tacoaleche.1 Por estas fechas, Antonio García conoce y se enamora de una joven de la hacienda La Sauceda. El padre de Antonio, que vivía en la hacienda de Trancoso, fue a pedir la mano de la joven, pero el due- ño de la hacienda La Sauceda, por deseos de dicha joven, puso como condición que se le construyera una mansión con cien puertas; solamente así, aceptaría casarse.

El enamorado aceptó la condición; comenzó a construir esta finca en 1891 y la terminó en 1915. La construcción de la finca se realizó con adobe y cimientos de piedra en arcos ciegos; tenía cien puertas de madera, dos niveles, una terraza en el segundo nivel al frente, una atalaya de diez metros de altura y un mural pictórico de origen francés del siglo xIx. Se contrató un mayordomo y cuatro mozos, un ama de llaves, una costurera, una cocinera, una persona encargada del lavado de ropa y otra persona encargada del aseo de la loza.2

Al terminar la construcción, llegó el momento de ir con su enamorada para iniciar con los preparativos de la boda; sin embargo, se llevó una gran decepción, pues ella desistió de su promesa. Muchos cuenta que la enamorada fue a conocer la casa y contar las puertas, las cuales eran solamente 99, y fue por eso que no se casó con Antonio. Otros dicen que le jugó una traición haciéndolo creer que sería su esposa; por este motivo, él se convirtió en un triste y solitario hacendado.

Si se pone atención en las fechas, es posible compro- bar que esta casa se terminó de construir justo en plena Revolución. Se cuenta que el padre de Antonio y su tío fueron secuestrados por el general Francisco Villa, quien les exigió dinero y víveres para la causa; al dar lo que Villa pedía, fueron liberados.

Cuentan, asimismo, que don Antonio no soportaba la situación que se vivía ni la tristeza que lo embargaba, así que decidió irse a México, donde murió el 19 de febrero de 1921. A la muerte de Antonio García, renace la leyen- da de la casa de las cien puertas. La hacienda pasó a ser de los hermanos García Salinas; pero, con la Reforma Agraria, en 1938 se convierte en ejido. Es entonces cuan- do se empieza a ser más popular la leyenda.

Dicen los que trabajaron ahí y los que pasaban junto a esta casa que la sombra sollozante de don Antonio se po- día ver entre las ventanas y por todos los cuartos abriendo y cerrando las puertas de la casa. Se cuenta, también, que en el sótano había un túnel donde se escuchaban rugidos y gemidos. La casa permaneció mucho tiempo en abando- no; poco a poco, los muebles fueron saqueados.

Aun con ese misterio, la casa sirvió de cárcel durante la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera; ha sido hospital, escuela, casa de evangelización y sede cinematográfica de diversas películas, como la de Emiliano Zapata. En el patio central, se realizaban bailes, tras los cuales se es- condía la basura generada en el túnel, con el propósito de taparlo y dejar de escuchar los misteriosos gemidos. Además, se hacían apuestas para ver qué valiente era ca- paz de quedarse a dormir una noche dentro de la casa.

Posteriormente, entre 2004 y 2008, los ejidatarios de la comunidad y los propietarios de dicha casa, junto con el grupo de teatro de títeres denominado Hilos de la invención, del cual fui integrante, realizamos diversas actividades artísticas con el proyecto del museo del tí- tere y la cultura popular, con el objetivo de iniciar una reconstrucción.

El INah comenzó la reconstrucción de la finca a fina- les del 2008. Esta abrió nuevamente sus puertas en 2012 como Centro de Investigación y Experimentación en el Arte Popular de Zacatecas (CIEapz).

Las cien puertas de esta singular casa ya están abier- tas, así como la leyenda vigente y el misterio que embarga dentro de todo aquel, valiente o no, que visita la casa y se adentra en su historia.

1. Esparza Jasso, Geovana y Marco Antonio Torres Inguanzo: Los rancheros. La fundación, Programa de Estudios e Intervención para el Desarrollo Alternativo, Universidad Autónoma de Zacatecas, Plaza Zaragoza 50-a, Centro, Cp 98630, Tacoaleche, Guadalupe, Zacatecas.

2. http://www.tacoaleche.com/nuestro-pueblo/origen-de-la-hacienda-de-tacoaleche/

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